Artista hondureño presentará su exposición de pintura «Forma de Agua» en Connecticut
Marcio Arteaga, hijo pródigo del municipio de Cedros, Francisco Morazán, el próximo 9 de agosto presentará su exposición de pintura “Forma de Agua” en Nest Arts Factory en el estado de Connecticut, Bridgeport.

El hondureño Marcio Arteaga, hijo pródigo del municipio de Cedros, Francisco Morazán y orgullo catracho, el próximo 9 de agosto presentará su exposición de pintura “Forma de Agua” en Nest Arts Factory en el estado de Connecticut, Bridgeport.
Durante la exposición, exposición que durará un mes, Arteaga, quien es egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Honduras en el 2009, expondrá a los asistentes sus espectaculares pinceladas alusivas al agua.

Al consultarle del por qué el nombre de “Forma de Agua” a su exposición el artista contestó que «el agua no solo es agua, es lo que somos nosotros, animales, árboles, arrecifes. sin el agua no seríamos forma».
Carera artística
Como artista plástico, cuenta con 16 muestras individuales dentro y fuera del país, tales como Premio Único en Escultura de la Bienal del Instituto Hondureño de Cultura Interamericana IHCl en el 2013, en el 2014 Premio Novísimo en Pintura IHCl, 2016 Mención de Honor en Escultura, Bienal de La Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 2019 Premio Único de Escultura Bienal de IHCI XVIII, Mención de honor salón nacional de arte por el centro cultural sampedrano, mientras que en el 2023 le brindaron la mención de honor de escultura y cerámica de la Bienal XX del Instituto Hondureño de Cultura Interamericana IHCl.
A lo largo de su trayectoria artística ha participado en ocho Simposios de escultura en piedra nacionales e internacionales. Cuenta con colecciones en salones como la Escuela Nacional de Bellas Artes de Honduras, el Instituto Hondureño de Cultura Interamericana (IHCl), el Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, la Galería Nacional de Arte de Honduras (GNA) y el Instituto Hondureño de Cultura Hispánica (IHCH). Museo de Arte MARTE, Casa Taller Encuentro, Panchimalco, El Salvador, la Pinacoteca y el Banco Central de Honduras.
Explicación de la exposición “Forma de Agua”
En mi tierra, Honduras, pasa algo que pocos creen: en mayo llueven peces.
Cada año el cielo se abre y llueven peces. Para mi gente eso es identidad. Es asombroso, es fe, es “venimos de un lugar donde lo imposible toca la tierra”.

Pero no puedo pintar solo eso. Porque al lado de ese regalo también vive la herida.
Vive la tierra que se va en el agua. Viven los ríos que olvidaron su color. Vive la gente que empaca sueños en una maleta. Vive la promesa que se dice en voz alta y se olvida en voz baja. Vive el bosque que se apaga sin que nadie aplauda.
Y también vive el mar.
Honduras tiene la segunda barrera de arrecifes más grande del mundo. Un mundo azul bajo el agua, lleno de vida, de coral, de peces que no caen del cielo, sino que sostienen el océano. Pero ese azul también se está apagando. Se blanquea, se rompe, se enferma. Como si la tierra y el mar estuvieran hablando el mismo dolor.
Por eso distorsiono el paisaje. Lo estiro, lo quiebro, le cambio la forma.
En mis cuadros mandan los grises y los azules.
Los azules por la esperanza. Por el agua, por el cielo que se abre, por la posibilidad de que algo sane.
Y los azules también, porque es el color con el que hoy se nombran las decisiones en mi país. El mismo azul que pide fe y el mismo azul que firma el futuro. Quiero que se encuentren ahí, en la tela, y se miren.

Los grises están porque vivimos en niebla. En esa zona entre lo que fuimos y lo que todavía podemos ser.
Mis pinceladas locas de color, llenas de energía, son mi forma de gritar ese pacto entre el hombre y la naturaleza. Un pacto que se rompió, pero que todavía podemos recordar.
Entonces mi pintura mezcla las dos cosas. En un mismo cuadro llueven peces… pero el cielo está rajado.
Los rostros celebran… pero la sombra pesa.
Distorsionó porque el país también está distorsionado. Hermoso y herido. Mágico y cansado. Rico en historia y pobre en cuidado.

Mi trabajo es un susurro fuerte. Es decir: “Miren qué bello es esto que somos. Y miren qué urgente es cuidarlo”.
Si solo pinto lo bonito, decoro. Si solo pinto lo roto, condeno. Yo quiero pintar el punto donde se tocan. Porque ahí vivimos.
La lluvia de mayo me enseñó que lo imposible pasa. Mi tierra me enseña que lo urgente no puede esperar. Y mi pincel está en medio de los dos.