
El director del Centro Nacional de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos), Francisco Argeñal, explicó que la “siembra de nubes” no constituye una alternativa efectiva comprobada para mitigar la sequía en Honduras, debido a los altos costos y a la dificultad científica para determinar si las lluvias responden al proceso artificial o a condiciones naturales.
La “siembra” o “bombardeo” nubes es una técnica de modificación del tiempo que busca alterar determinados procesos dentro de una nube mediante la dispersión de partículas o sustancias que favorecen la formación de gotas de agua o cristales de hielo, con el objetivo de aumentar la precipitación, reducir el granizo o dispersar niebla, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Aunque, la OMM aclara que no consiste en crear nubes desde cero ni en generar lluvia cuando no existen las condiciones atmosféricas necesarias.
Argeñal indicó que esta tecnología se estudia desde las décadas de 1940 y 1950 y que distintos experimentos realizados a nivel mundial mantienen dudas sobre su efectividad, debido a que no existe certeza estadística para diferenciar las precipitaciones generadas de forma natural de aquellas asociadas con la inseminación artificial de nubes.
También el elevado costo constituye uno de los principales obstáculos para convertir esta práctica en un mecanismo permanente contra la sequía y señaló que esa situación explica que distintos países no la incorporen como una herramienta habitual para enfrentar la falta de agua.
“Usted puede ver como en California, que es un tema permanente, la poca disponibilidad de agua, se han hecho experimentos, pero no es una actividad permanente que hagan los organismos que se dedican a brindar ese vital líquido a la población”, dijo Argeñal.
Incluso países con mayores recursos, como Israel, utilizan este tipo de tecnologías, pero tampoco recurren a ellas de manera frecuente y a gran escala debido a que su efectividad económica y científica no está suficientemente comprobada.
La incertidumbre se relaciona con la posibilidad de recuperar la inversión mediante el volumen adicional de agua que pueda generarse durante el proceso de formación y crecimiento de las nubes y posterior precipitación.
“No se ha comprobado científicamente que en verdad sea un mecanismo que permita recuperar la inversión que se hace con la cantidad que se puede generar extra en un proceso de formación de la nube, crecimiento de la nube y la precipitación de la cuota de agua que la compone”, anotó el experto del clima.
La experiencia internacional mantiene la siembra de nubes como una tecnología experimental y de uso limitado, sin evidencia suficiente para establecerla como una solución permanente frente a los efectos de la sequía.