Chinda Díaz, Foto Ángel y El buen gusto: locales históricos consumidos por incendio

En el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) calificaron como una tragedia que el siniestro acabara con las valiosas edificaciones.

Bastaron pocos minutos que el fuego redujera a cenizas siglos de patrimonio histórico del centro de la capital hondureña Tegucigalpa, algunas de estas edificaciones protagonistas silenciosas del acontecer nacional, que fueron construidas cuando la ciudad era un asentamiento minero.

En ese contexto, el historiador hondureño Nahún Valladares, recordó que el edificio que fue consumido por las llamas la mañana de este martes fue una de las primeras construcciones en la capital, en el año de 1625, por la familia Zepeda.

«Toda la cuadra completa era de la familia Zepeda. Mariano Zepeda era el papá de don Gerónimo Simón Zelaya y Zepeda, el cura párroco que construyó la Catedral de Tegucigalpa. Él vivió precisamente en ese lugar que hoy ha sido consumido por las llamas», dijo Valladares.

Lo más lamentable es que la cuadra que fue presa del fuego albergaba las últimas construcciones del casco histórico que con el paso del tiempo habían conservado su antañona estructura: paredes de adobe, techos de madera y tejas de barro.

Entre los históricos negocios estaba el merendero «El Buen Gusto», popular entre los capitalinos por el famoso sazón de sus sopas. Asimismo, «Chinda Díaz» que atrapó a generaciones enteras por el sabor de su tradicional pan.

«Foto Ángel», el foto estudio de referencia que se impuso antes de la llegada de las fotografías digitales también corrió con la misma suerte, al quedar reducido a cenizas.

Pérdida invaluable

Para el académico e historiador hondureño, Edgar Soriano, esta era una cuadra que albergaba historia, al recordar que «Chinda Díaz» se estableció en ese lugar desde la década de los 60.

«Los que pasamos por el centro hemos visto cantidad de negocios que han pasado por ahí; estudios fotográficos, comedores y de todo tipo de negocios han habido ahí, porque al final, el centro es un lugar de movimientos de personas», señaló Soriano.

Por su parte, a doña Olga Turcios, una vendedora ambulante apostada en el parque La Merced de Tegucigalpa, el incendio le despertó sus memorias de niña, al contar un sinfín de historias.

Comentó que su tía tenía un comedor y la mandaba a ella a buscar pan casero y nacatamales al negocio de «Chinda Díaz».

Entre tanto, en el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) calificaron como una tragedia que el siniestro acabara con las valiosas edificaciones. Al tiempo que, adelantaron que realizarán los análisis respetivos para identificar si es posible restaurar las estructuras.

«Hay muchas personas que no tienen conciencia del valor cultural que puedan tener sus edificaciones y más bien nosotros sospechamos que pueden haber malas intenciones», manifestó Rolando González, gerente del IHAH.

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