Francisco: el pastor que abrazó al mundo hasta su último aliento

En una emotiva homilía, el cardenal Giovanni Battista Re recordó el legado indeleble del papa Francisco, resaltando su entrega sin medida a los más humildes, su incansable clamor por la paz y su llamado universal a la fraternidad humana.

Bajo un cielo nublado y una plaza colmada de fieles, la voz del cardenal Giovanni Battista Re rompió el silencio que envolvía a San Pedro. Frente al féretro sencillo que guardaba los restos de Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, recordó que la muerte no es el final, sino el paso a la «casa del Padre».

«El papa Francisco tocó mentes y corazones», expresó Re, al agradecer, en nombre del Colegio de Cardenales, la presencia de jefes de Estado, delegaciones oficiales y miles de personas que acudieron a rendir homenaje al pontífice.

La imagen final que muchos guardarán del papa Francisco es la de aquel Domingo de Pascua, cuando, a pesar de sus graves problemas de salud, impartió su última bendición desde el balcón de la basílica y recorrió en papamóvil una plaza repleta de rostros agradecidos.

Un pontificado nacido del amor y la entrega

Desde el instante en que eligió llamarse Francisco, el entonces cardenal Bergoglio dejó claro el espíritu que marcaría su pontificado.

Fue un estilo de vida inspirado en san Francisco de Asís, en la humildad, en el servicio y en la cercanía con el pueblo.

«A pesar de su fragilidad y sufrimiento final, el papa Francisco eligió recorrer este camino de entrega hasta su último aliento», recordó Re.

Fue un pastor que, como Cristo, «amó a sus ovejas hasta dar la vida por ellas», abrazando a refugiados, marginados, pobres y olvidados sin distinción.

En cada gesto, en cada palabra cargada de metáforas vivas, Francisco trató de iluminar un mundo lleno de cambios y contradicciones.

Su vocación fue clara: la Iglesia debía ser «una casa de puertas abiertas», un «hospital de campaña» para los heridos de la vida.

Pregonó el amor y estuvo siempre del lado de los más vulnerables. Foto Vatican News.

La voz incansable por la paz

El cardenal Re evocó la fuerza profética con la que el papa Francisco clamó contra las guerras:

«Elevó incesantemente su voz implorando la paz», diciendo que la guerra solo deja muerte, destrucción y dolor.

Su visión del mundo fue amplia y valiente. Desde su primer viaje a Lampedusa, para llorar a los migrantes muertos en el mar, hasta su histórico viaje a Irak,

Francisco puso la fraternidad humana en el centro de su misión. «Construir puentes y no muros» fue su consigna repetida una y otra vez.

Inspirado por su fe, lanzó al mundo el mensaje de «Laudato si'», pidiendo proteger la casa común, y firmó en Abu Dhabi el documento de «Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común», porque, como insistía, «nadie se salva solo».

En su corazón, la misericordia era el alma de todo. El Jubileo de la Misericordia y la certeza de que «Dios no se cansa de perdonarnos» fueron sus regalos a una humanidad que necesitaba esperanza.

El legado de un hombre que pidió oraciones

En este día de despedida, la plaza de San Pedro se convirtió en un templo vivo de gratitud.

El cardenal Re, con voz emocionada, recordó las palabras que Francisco solía repetir al final de sus discursos: «No se olviden de rezar por mí».

Hoy, dijo Re, es el pueblo de Dios el que clama: «Querido papa Francisco, ahora te pedimos a ti que reces por nosotros, que bendigas a la Iglesia, a Roma y al mundo entero, como hiciste en tu último abrazo desde este balcón».

Así, bajo la mirada amorosa de miles de fieles, el pastor que predicó la ternura, la misericordia y la esperanza, comenzó su último viaje: el que lo lleva al abrazo eterno del Padre.

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